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Año nuevo



Este nuevo año no recibí sus primeras horas con las copas de más que todos los años bebía con el objetivo de imaginar que nomás por una transición cronológica las cosas iban a estar mejor, y conforme pasaba el tiempo los proyectos iban con sus días, sus momentos y sus alegrías, por decir que así, dos, dos, pasaba el año y pensaba que al final, todos los males estarían en peligro de extinción, cosa que me estimulara al pensar con que el nuevo, el que viene me pondría a mano de toda la metralla enemiga que recibía en el año viejo.
Pero la verdad es que no me llamó la atención esa vieja idea del rencuentro con amigos, sino que me llamó la atención que perdí en el año a muchos amigos, y quizá no precisamente en este, sino a lo largo de los años. Al principio, por alguna razón fui llenando mi carpeta de contactos de los correos electrónicos con gente que prometía volver a contactarse. Muchos contactos que me regalaron su tarjeta de presentación para mantenernos en una ávida comunicación epistolar. En resumen, la mayoría de mis contactos los he archivado como meros signos egipcios. Si he trabado dos o tres reenvíos han sido demasiados, escuetos y héticos. Se me ocurrió hacer un envío masivo donde trataba de saber cómo estaban, que planes tenían, en conclusión comunicarme y la respuesta fue más bien patética. De los pocos que atendieron a mi pregunta, todos dijeron “bien” e “igualmente” al resto le dio por tirarme a la basura. Cierta vez, cuando enviaba los autorretratos al portador por correo, pensé en el derecho a no recibir lo que no quería. Si yo recibiera los autorretratos sin permiso, me cuestionaría que alguien usara mi buzón para llenarme de un correo semanal que quizá ni leería. En todo caso, quien quisiera leerlo iría a comprar el periódico. El misterio no se resolvió. Yo pedí permiso para enviar el autorretratos y los más animados contestaron, “hombre, por favor son tu fan” pues un fan muy mudo, pensé, porque no provocaba respuesta. Entonces seguí enviándolo y sólo un amigo me respondía con entusiasmo. Y sólo un amigo, vale la pena.
Sin embargo conservaba todos los correos con la esperanza de que alguien me iba a escribir. Todo ocurrió de pronto. Me vi acorralado por las exigencias del mercado. Sin trabajo y con el poco dinero que tenía, las neuronas comenzaron a tramar una estrategia. Entonces pensé que era el momento de llamar a mis “contactos” para difundir mi necesidad. Alguno, no sin influencias podría echarme un cable para salvarme del naufragio. Escogí entre la lista de correos a diez personalidades que me habían jurado su amistad. “hombre, me enorgullece ser tu amigo” lo decían cuando la rueda de la fortuna me colocaba en una parte alta de un escenario inmejorable. Entonces creí en las palabras. Caray, sólo les iba a pedir trabajo, no dinero. Otra vez, el SOS sólo atinó a un amigo, el resto, huelga decirlo se esfumó entre el ciberespacio.
Entonces este año comencé a hacer una limpia honesta y sincera. Si, una limpia de contactos de correo electrónico que me dieran chance de empezar el año sin expectativas y con una realidad en ciernes. Vi cada dirección de correo tratando de recordar qué me vinculaba con esa persona. Y en honor a la verdad, muchos no tenían nada que ver conmigo, es más, a muchos ni siquiera los pude visualizar.
La cosa era sumar. En el msj me quedé con cuatro contactos que siempre me contestaban y en el face, me deslindé de muchos a los que les pedí la amistad. ¿Entonces se convertirían en mis enemigos? No, de ninguna manera. Se convirtieron en espacio para mi computadora. El escenario ha cambiado, la rueda de la fortuna no se detiene y cada día tiene su afán. Hoy más arriba, vendrán otros contactos y la fortuna me devolverá viejos conocidos a los que les devolveré su comunicación, su indiferencia y mi tarjeta de presentación.
Este año voy a refrendar la amistad con los amigos que tengo y a beberme las copas con ellos del principio de año para que duren todos los días.
Salud.

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