miércoles, 15 de julio de 2009

Mi crítico de cabecera

Por fin encontré a mi crítico(a) de cabecera. Lo digo porque el visitante fantasma se volvió un anti- fan que ha dedicado horas de su hética vida a buscar mi biografía como si le debiera dinero. No sé más de él(ella) porque firma sus comentarios con el nombre de León Pinaya (así, de telenovela) y luego se hace pasar por un amigo. Esto demuestra, en su estrategia de esconderse entre nombres telenoveleros, que es un crítico travestido o un cobarde de pura cepa. Luego, cuando le endilgo su mentada de madre, se indigna porque creyó que con el pseudónimo no le afectaría tanto a él y a su mamacita. Sin embargo, yo creo que es huérfano(a) porque desde entonces no ha parado en descalificarme de una o de otra manera como si por ello le pagaran.

Es seguro que siga enviándome anónimos para descargar su frustración, su fracaso galopante, su impotencia creativa, su frigidez repulsiva, su complejo de inferioridad y por qué no, su envidia generosa y pusilánime de la que hace gala en sus insultos como caramelos de colores. Ya saben, lo que natura no da, Salamanca no presta… seguirá en lo suyo, lo apuesto, mascando su idiotez con pregones de sabio.

Ya con esta me despido. He sido generoso con mi crítico al dedicarle tres comentarios en mi blog, es decir, cinco minutos. Que se de por satisfecho, ya más no puedo hacer. Y como dicen en el barrio, a chillidos de marrano, oídos de matancero…

jueves, 9 de julio de 2009

Hombre sin fe

A veces leo, a veces sueño, a veces digo, a veces suena, a veces es lento…

A veces, sólo a veces, creo.

 

 

 

 

 

P.D

El visitante fantasma volvió al blog, apuntó otros insultos pero esta vez si lo invité a incordiar a la que le dijo duérmase mi niño, duérmaseme ya. 

lunes, 6 de julio de 2009

Otra queja

Vuelvo de la playa y apenas checo el blog, me encuentro con la respuesta del visitante fantasma que sigue en el tema de la antología, pero que en esta ocasión quiere que me lo tome personal, ya que dejó el análisis y se decantó por las agresiones verbales;la verdad es que yo me tomo mis enemigos cuando están a la altura del conflicto (parodiando a Páez). Puedo asegurarles que no lo conozco, ni he leído, ni leeré algo de él, así que no me lo puedo tomar a pecho, ni me detendré a criticar su “obra”. Supongo que es crítico o pretende ser escritor. Supongo que por el enojo se luce en esta invectiva con otros adjetivos de mayor lustre y prosapia: “ni que escribieras tan bien” dice como si uno se tuviera que quitar el sombrero apenas lee su nombre; utiliza diminutivos para interpelarme y además me acusa de ser susceptible a la crítica y de remate, con ardor de novia borracha me llama pendejo. Lo mejor de todo es que supone que me enojé por su “análisis” profundo y certero de una antología que YO NO HICE y que tengo derecho a opinar lo que me de la gana.

Me cuesta creer que todavía existan las personas que creen que la literatura es una carrera de asnos. Me consta que aquellos que buscan el relumbrón, la medalla, la comparación, los cohetes, los monumentos, el reconocimiento y la vanagloria del ego, los que quieren ser mejores, diferentes e intolerantes a lo otro se revuelcan en la mediocridad y la miseria. Por eso compiten, porque les falta algo en su vida. Para ellos, el prado del vecino siempre será más verde. Y su vida, Sí, adivinaron, más jodida.

Me divierten los que creen que terminar una opinión con un insulto, (siguiendo las reglas del albur ¿qué más puede esperarse?, al estilo de los remates de Polo Polo), son auténticos apóstoles de su verdad.

Mis insultos al visitante fantasma, si creyó que los haría, me los guardo, porque pueden confundirlos con un halago de buen gusto. Así que ya supondrá el lector fantasma que mi insulto quedará en el suspenso.