viernes, 26 de septiembre de 2008

Momo


He descubierto que los índices de lectura se basan en un círculo donde no entro porque me imagino más populachero. En la calle me increpó un tipo de calva oscura. Rasgos otomíes. Intérprete de música prehispánica. Vendedor de saldos musicales. Callejonero. Luego nos tomamos un café me dijo, porque tengo que hacerte una crítica. Dijo como si echara una lápida a mi orgullo. Pero pudo más mi intriga. Cargaba con mi perro Momo. Un cachorro Puig con hiperactividad y sobrepeso que no sabe andar con cadena. Apreté a mi perro para enfrentar al crítico literario. Mi perro y yo le plantamos cara. Hace mucho que no me enredo con directores técnicos de banqueta, o críticos anónimos de baratijas de periódico. Dime de una vez (porque no iba a invertir un café con sus dos horas en escuchar algo que acabaría en dos minutos, es tan corta la vida para gastarla en chismes) Momo se retorcía porque deseaba irse a la casa. -Es que es referente a tu último trabajo. Con un demonio-pensé-, ya dejé atrás la radio y las cortes universitarias, así que en cazo cerrado no entran marranos. –Después de cinco meses es con coraje- No no, tu último cuento. (Bueno, la verdad es que tengo esperando que me hablen de la editorial la rana porque canalicé dos libros para dictamen desde enero, pero como es de esperarse, primero nació mi hija, que un dictamen y un seguro no de la editorial. Entonces como no he publicado un carajo, no sabía qué trabajo iba a ser criticado, pero insistió en hacerme la diatriba. Momo se calmó así que nos esperamos a que brotara la verdad del músico.
El que publicaste en un fansin del instituto cultural de león. Lo de fansín lo dijo con odio. Con crítica abierta. -Es que últimamente se escribe como muy vulgar. Como que, si muy vulgar. Muy real. No sé.(Si no sabes no critiques). Ahhhh. Entonces, ¿Te parece que escribo vulgar porque escribo nalgas? ¿Tú no tienes? (Momo se inquietaba, lo veía alzando el belfo, olisqueando la rabia del músico, la envidia en las rocas)- No, osea, es que. Bueno. Tenemos que tomarnos un café para poder decirte (no entiendo por qué el café cambiaría las cosas, o aclararía su crítica literaria). – No dime- insistí- Es que utilizas un lenguaje muy elevado (me caí de la nube en que andaba pero Momo me rescató) muy como para presumir que sabes- dijo para llamar mi atención. (Quiso que me portara cristianamente y adoptara mi pose de humilde para decirle que no, pero Momo entiende lo que escribo. El sabe que existen las nalgas). Bueno. Pues si existe una palabra que no esté en el diccionario entonces sí, admito un error. Sin embargo, mi propósito es que escribo para incordiar. Me place tu cara de ídolo otomí cuando no hallas las palabras para aterrorizarme, cuando no puedes interpelar una estructura narrativa, cuando un cuento es sólo eso, un cuento. Es mío. Me gusta. El problema que lo hagan los críticos y los estudiosos de la lingüística, de la lengua y de la academia y es lo que me representa una de las 2567 cosas que no me importan o no valen la pena. Momo quería largarse.Si con la crítica iba a pensar que no escribiría nalgas, pues nalgas. Momo estaba harto. Inquieto. Quería saltar al piso y alejarse. Bueno, me voy. Momo tiene hambre. Eso si me importa. Momo me entiende.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Lobo Antunes Premio FIL 2008

“Lo más importante para mí es escribir”, António Lobo Antunes
En un enlace telefónico a Portugal, el ganador del premio FIL de Literatura manifestó la alegría de volver tan pronto a Guadalajara

Ha recibido más de seis premios este año, es uno de los autores portugueses más traducidos, y hoy ha sido reconocido por la aportación de su obra a la “profunda reflexión sobre la experiencia interna de los seres humanos”. António Lobo Antunes, quien recibirá el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, habló sobre la alegría que le produce volver a Guadalajara: “Desde hace dos años que fui me trataron con mucha ternura y generosidad. Me causa mucha alegría tener la oportunidad de volver tan pronto a esa ciudad”.

Desde su estudio en Portugal, Lobo Antunes, quien ha sido varias veces candidato al Premio Nobel de Literatura, sostuvo un diálogo vía telefónica con los miembros del presidium y los periodistas asistentes. “Juan Rulfo es uno de los autores latinoamericanos más importantes de la literatura contemporánea”, dijo “por ello es un honor muy grande recibir un premio con el espíritu de este escritor mexicano”. Sobre su oficio como novelista señaló: “lo más importante para mí es escribir. El problema para mí siempre es escribir, escribir siempre es muy difícil. Por muy innovador que seas, no eres más que un pobre hombre luchador”.

Durante el diálogo tocó también del trasfondo de su obra, en donde el dolor que ocasiona la guerra es un tema recurrente: “Las guerras son lo más terrible. En una guerra nadie sale ganando. Estuve en la guerra cuatro años y perdí varias cosas, a la hermosa gente de mi batallón. En combate perdimos 150 muchachos, eso no es ganar nada. Mi hija mayor nació cuando estaba en la guerra y no la conocí ni estuve durante el embarazo de su madre”, relató el creador de novelas con temas como la muerte, las crueldades humanas, la dictadura que vivió su país, Portugal.

Durante la conferencia de prensa Raúl Padilla, presidente ejecutivo de la Asociación Civil que otorga el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, destacó que ésta es la primera vez que se incluye como candidatos de este premio a escritores que se expresen en lenguas cuyo origen es el latín y no sólo autores iberoamericanos y del Caribe, como se hacía hasta el año pasado. Padilla también agradeció a todos los miembros de la asociación que hicieron posible aumentar el monto del premio a 150 mil dólares.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Sara

“Los amigos no son los que queremos que lo sean, sino los primeros que están allí.”

Hace apenas una semana, Sara llegó a este planeta tierra. Me dio a luz. Empeñada en habitar con terrícolas de todas las clases, de todas las raleas, de todas las formas, ha hecho de cada minuto de su existencia una experiencia de vida. Empeñada en conocer este mundo, que sin ser el ideal, puede ser hermoso, me dio la luz. Sara tiene apenas ocho días de habitar el planeta y ha tenido que luchar contra viento y marea para quedarse, para escribir su historia. En el vientre de su madre le prometí otra cosa, le hablé de su familia, de su hermana, de su casa, de su perro. Le dije que la pasábamos bien. Que una vez que llegara, nos divertiríamos como enanos, como gigantes, como niños. Que sólo se trataba de que asistiera al momento de su nacimiento.
Ha surcado una semana con suero, enfermeras, hospitales solitarios, sondas, los pasillos héticos, las enfermeras vestidas de color pastel, los médicos y su palabra preferida “estable”, los rincones de la desesperación, antes de conocer los brazos de su madre. Ha aprendido, así, de pronto que en este mundo hay que pelear, que hay dolor, que es cruel y no tiene piedad. Ha luchado contra todo y contra todos; cada respiración es una gran victoria, cada movimiento ha sido un salto mortal.
Había pensado narrarle todo lo que vale la pena para que no desista en la lucha, llenarla de consejos paternales que mostraran el camino, sin embargo, hoy, un bebe de sólo ocho días de nacido me enseñó, mientras la cargaba, que la vida es esperanza, es lucha, es coraje, es no rajarse. Me dejó mudo.
Gracias Sara, me diste a luz.

A veces es lento

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