jueves, 20 de marzo de 2008

Una de radio

Los retos de la radio cultural


Cuando el siglo XIX se extinguía, entraban en vigoroso proceso de desarrollo las tecnologías que conducirían a crear la radiodifusión. Desde entonces, la radio ha visto cómo las energías productivas y analíticas aplicadas en el campo tecnológico han sido superiores a las invertidas en su dimensión artística y cultural.

En el campo de la comunicación vemos el espectro radial inundado por medios comerciales, lleno de telebasura, de radio basura; basta con girar el dial y podemos escuchar el maltrato al idioma, las cacofonías llenas de insultos, la retórica de la estulticia: tan sólo en el estado de Guanajuato contamos 52 radiodifusoras y apenas, dos radios eminentemente culturales.
Tal vez el empobrecimiento espiritual y cultural de los hombres y de sus relaciones resulte producto del debilitamiento de su lenguaje. O, quizás, esta desvitalización expresiva sea la consecuencia de aquella declinación. Ya algo se perfilaba cuando los poetas del hippismo aseguraban que el mejor poema era “una página de papel en blanco”. Probablemente los alcances de semejante reducción queden más claros si comenzamos a advertir que lo que está en riesgo de empobrecimiento no es únicamente nuestro lenguaje, sino nuestra facultad de expresión lógica y capacidad de sentir el mundo.
En este escenario, podemos advertir que la palabra es el motor de toda radio. El principio rector es el social. El eje principal de todo medio es la cultura. Resulta absurdo comprometer de otra manera las funciones de la radiodifusión. Guanajuato, se cimienta dentro de un marco democrático y de libertad, donde sus espacios de expresión lo solidifican, lo muestran, lo cuestionan, pero también lo hacen fuerte. Su cultura, su dimensión artística y la riqueza de su espíritu constituyen el envión de su fuerza para consolidar la suma de grandes experiencias y apoyos conjuntos.

El último quinquenio del siglo XX ha colocado a los medios de comunicación en un escenario muy nuevo: repleto de satélites de comunicación, de fibra óptica, de información digitalizada, de computadoras personales cada vez más potentes, de realidad virtual; y una enorme explosión de comunicación audiovisual. Naturalmente, no es que cada una de nuestros medios haya entrado en la sociedad de la información y disponga y utilice todos los nuevos recursos que ésta ofrece.
Obviamente, no es ese el caso, pero lo que es indiscutible es que el entorno de los medios( y esto en casi cualquier país del mundo) —independientemente de los cambios que se hayan producido en ésta— sí forma parte ya de esta nueva era post-revolución de las comunicaciones.
E sta era no sólo representa un cambio tecnológico definido, sino un cambio social inminente. El cambio obedece a una nueva conformación de usos y costumbres culturales. Un nuevo lenguaje que se gesta desde el quehacer cultural. Los mensajes de texto, los videojuegos, las grandes bases de datos para almacenar música trascienden la vida ordinaria de nuestra era. La era de la sociedad de la información.
Con la aparición de la sociedad de la información, las fuentes de saber —y de acumulación del conocimiento— se multiplican, se expanden y se difunden. Los libros ya no escasean sino que pueden multiplicarse por cientos de miles. Lo que faltan son lectores. Los medios audiovisuales propagan la información a la velocidad de la luz y la multiplican. Las computadoras y las bases de datos acumulan, sin problemas, informaciones en mayor cantidad y calidad de acceso que nunca antes en la historia. El audiovisual ya no es sólo un lenguaje de registro de la información, sino que se va convirtiendo poco a poco en una escritura al alcance de cada vez más personas. E Internet está haciendo accesibles, casi sin limitaciones, saberes y documentos en todo el globo.
El gran capital de una región no se halla en el petróleo, sino en el conocimiento, en la distribución eficaz de la información a un conglomerado de personas más amplio. La radio cultural tiene ese fin y ese objetivo. La preservación, divulgación, documentación y difusión de las expresiones culturales, sociales y científicas propias.
Uno de los rasgos principales de la radio y en especial de la radio universitaria es la creatividad. La radio que habla y que valora la imaginación es una radio de vanguardia. La del mensaje participativo, que se preocupa en hallar su génesis en las necesidades, los deseos y los gustos de la audiencia.
Así mismo, la radio tiene la responsabilidad de educar en los valores que la inspira y garantizar el aporte en una columna vertebral; plural y participativa, donde sobresalga la inventiva ciudadana, la frescura y espontaneidad creativa de la sociedad.

Cito a Ricardo Haye que dice lo siguiente una forma de gratificar nuestros sentidos y emociones que no necesita de ninguna justificación ulterior. Porque, como decía Boileau y sabe cualquier comunicador radiofónico, “la regla de las reglas es gustar”.

jueves, 6 de marzo de 2008

CACARO

Cácaro es una idea de radiorevista cinematográfica que se me ocurrío en aquellos años noventa, cuando cursaba la carrera y a marchas forzadas aprendí a realizar radio. Digo marchas forzadas, porque así fue, el maestro titular, un tal Maquiavelo se rajó y el grupo estuvo a la deriva. Cuando entró la sustituta, el semestre estaba en el cenit. Así que se debía aprender radio de una manera. Produciendo.
En fin, cácaro, la radirevista que enciende la pantalla de tu imaginación, era conducido por Naya mi prima y por este menda. Así que como me gustaba el tema, abordé con decisión, retomarlo para radio Universidad de Guanajuato, cuando Radio UG era una radio cultural universitaria. Y en compañía de Raúl Muñiz estuvimos al aire la friolera de dos años (más- menos) con un desfile de muchos temas y películas, entrevistas e invitados especiales, si bien no lograba ser una revista en toda regla por los escasos recursos con que contaba la radio, a contra pronóstico y gracias a Raúl Muñiz pudimos encender un poco la pantalla de la imaginación, de un público concentrado y conocedor.
De buenas a primeras, de un plomazo, y sin agua va, Raúl y cácaró desaparecieron (yo desaparecí por causas ajenas al cuadrante tiempo antes JAJAJAJA). Los lunes a las 8:30 pm, se volvieron los lunes al sol (es decir desempleados, ociosos,como la peli de Bardem, como la radio de los dorados años 80, como el fusil de Radio VOZ DE LOS GUANAJUATEÑOS )y tributarios porque el deseo era convertir a Cácaro en la infame cartelera de Cine club de UG, en el cácaro camionero, nunca mejor dicho por aquello de la sala de cine del Euquerio.
En fin, la muerte del Cácaro radiofónico hace gritar CACAROOOOOOOOO, porque no hay más. Y no habrá más. Y sin despedirse, y sin saber a qué canija hora se acabó la función.
Es razonable el estilo vengador de quitar todo lo que estaba, porque a falta de creatividad sobran los autoritarismos.
Fueron buenos años con mi estimado Raúl Muñiz, en que los lunes mostrábamos las filias y las fobias cinematográficas.
Pero Cácaro vuelve gracias a la invitación que me hizo Enrique Rangel, mi hermano del alma, para poder escribir en el AM, todos los jueves al sol, algo de cine. Y mejor aun, con el alma de cácaro.
Cácaro, todos los Jueves en la sección de cultura del AM.
También, mi buen amigo, me vuelve a reunir con otro entrañable, Geovanini, y con su librero que antes fue radiofónico. Bueno, como dijo aquella viejita, esa es otra historia.

lunes, 3 de marzo de 2008

Por la novela

Hoy acabé, a contra pronóstico, la novela en la que trabajaba, esto es un decir, llegar al punto final es apenas un esbozo de otro comienzo mas siniestro, uno que parece que no tiene fin, sin terminar una obra, que nunca es bueno volver atrás, que parece que hay que volver a reescribirla. La novela queda con ese impulso que la desarrolla, y después, si uno se atreve a volver a pisar esos terrenos, significa profanar un sitio donde eres golpeado por las imágenes inacabadas
Entonces, lo mejor es decir, empecé una novela.
Dice Thomas Hardy, que todo el secreto de la obra de ficción reside en el acoplamiento de cosas que se apartan de lo corrientea cosas que son universales.