lunes, 1 de diciembre de 2008

Viaje


Dos de la tarde. En el camino que lleva al Mineral de la Luz se despierta un capullo de aire muerto. Por alguna razón decidí ir a buscar los vestigios de las historias familiares, los orígenes de mis ancestros, los andamios de mi memoria. Contaba una tía abuela que el Mineral de La Luz sufrió de una maldición de un monje. En este lugar no quedará piedra sobre piedra. Las llantas de la camioneta arremetan contra piedras flojas. Es como patinar en hielo. Los cerros pelones, quemados por el frío arrojan la increíble historia de que alguna vez ese Mineral tuvo un auge y una bonanza minera, lo cierto es que nada queda para demostrar la galanura. El camino cinerario se levanta entre polvaredas de otros autos que viajan a las minas adyacentes y se extravían en las laderas de la sierra. El viajero sabe que viajar es un naufragio por las cavernas de uno mismo. El turista visita lugares.
Al cabo de media hora aparece por fin la desviación al Mineral. Hundo el acelerador para acercarme a la mancha de adobe. Cuando llego a la calle principal algunas casas de factura popular llevan una línea paralela a otra dimensión de tiempo-espacio. Ya en el centro del poblado, un viejo vende discos piratas, en otra esquina hay vendimia de cueritos y demás ácidos estomacales. Dos locos vigilan la entrada a la iglesia, uno se contonea libremente y el otro está asido a una silla de ruedas y sólo hace una seña con la mano pidiendo dinero. Un grupo de siete muchachos con gorras de raperos y pantalones enormes rodean un viejo auto blanco. Lo demás es el silencio. Las casas centenarias no quieren caerse de tiempo. Como si supiera que hablo de él, un hombre se acerca para negarme mi derecho a retratar la plaza. Me niego a obedecerlo. Pero consigo un aliado. Le digo que buscaba la casa principal de mis ancestros, pero parece que todo está en el olvido. La abuela contaba de una construcción llamada la Primavera pero ya todo se ha muerto. Descubro que son recuerdos de difuntos, historias de un baúl sin fondo. Hay una muerte histórica del Mineral de la Luz y advierto una lápida. No hay viejos. No hay historia. Todo ha quedado en las narraciones de quien se fue al norte y regresó al pueblo para volver a contar sus propias memorias.
Subo a la camioneta y escapo del poblado. Siento que detrás, sólo quedan fantasmas y que a las seis de la tarde, cuando quede el cielo rojo, el Mineral de la Luz desaparecerá del mapa sin quedar piedra sobre piedra.

martes, 18 de noviembre de 2008

Notas sueltas

Continúa con tu búsqueda, olfateando, sintiéndo. En algún rincón de la infancia dejamos arrumbados los sueños para entrar en la vida con la regla y el número exacto; nos quedamos con la norma y sin el calor del nido que le pone alas al ensueño poético. Imprime, cuadro por cuadro, Jacquot de Nantes, arabescos de infancia en tu película virgen.
La cuestión no está en atinar, sino en modificar la mira.
Cristian Jean.


A punto estaba de romper estos apuntes de juventud. Allá por el principio de los años noventa, en la escamada tierra de nadie. Cuando vivía en León y el acto de escribir me causaba angustia, nieve, desolación. Cuando lejos de un juego amable, era una terquedad que aprieta las manos, lo difícil era entonces escribir un texto fácil. Me deslumbraban con singular alegría, los libros que entonces apresuraba por terminar, los autores que no conocía, los Borges, los cortázares, el amado Vargas Llosa que se desplazaba por las tierras de la literatura como un pez en el agua. Sencillez, sencillez y sencillez. Como un mártir de diccionario apuraba a encontrar las palabras en desuso, buscaba también la precisión de lenguaje, del contenido, de la filosofía. Desenmarañaba mi mundo de preguntas, de los viajes a la tierra ignota de la hoja en blanco. Si me propusiera a cuantificar las noches en vela tratando de revelarme contra el lenguaje, contra las dificultades de los argumentos o las vicisitudes de los dormilones talleres de literatura, contaría en mi existencia con una larga noche a pie del cañón. La piel crepita y uno no sabe donde comienza a desenfadarse, la juventud es un enfado, una toma de consciencia, unas ganas de transformar, de crear de perder y volver a perder. La rebeldía no logra extraviarse, hace apenas unos siete años de eso, cuando de manera arrabalera me entregaba a los lujos humildes del escritor, de un escritor anónimo (¿hay acaso otra condición?). Vigía y oyente, mirón pasivo y escuchador de historias es la constante de lo que escribo. Una vez me dijeron que fuera prolífico. No es así, la pena todavía me hace un poco cobarde, mi desorden, mi molicie, hacen que escriba cuando sólo la mano puede dejar escribir a uno. Prolífico, creador, no creo en atinar al blanco, sino en modificar la mira.

martes, 11 de noviembre de 2008

Archipiélago



Ahora recuerdo. Una tarde el mar estaba en mi habitación. La marea aun baja. Hombres a la deriva, empeñados en nadar hasta la única tabla de salvación, un madero podrido en el que me asía fuertemente para no descender a los infiernos. Los hombres peleaban un lugar en el metro y medio de larguero. Mi corazón indecente no quiso echarles la mano. -Ora, perros, a nadar-. Grité. El azar llevó un tifón embravecido para sacudirme del madero como un toro al jinete. Cuando una ola cambió mi posición. Estaba nadando en aguas profundas. Los hombres dieron unas fuertes brazadas y llegaron al madero. ¿Quién es el perro? Dijo uno. Mis piernas flotaban entre la densidad marina de la habitación. Una lámpara de mesa pasó flotando a un a lado. Si no muero ahogado, muero electrocutado. Llené mis pulmones hasta el máximo para luego sumergirme al fondo gris. Abrí los ojos. Mi cama, estaba tendida. El closet cerrado. No había otra cosa que flotara. Perdí el minuto de oxígeno haciendo malabares para hundirme bajo el agua. Regresé a la superficie. Un sol entraba por las ventanas. Los cadáveres de mis oponentes los hallé flotando de “muertito” entre la marea de aguas vivas. Llegué hasta una isla, cerca del sofá cama, y estiré todos mis músculos para rendirme en un sueño donde me veo escribir en piyama un maldito blog que nadie lee.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Momo


He descubierto que los índices de lectura se basan en un círculo donde no entro porque me imagino más populachero. En la calle me increpó un tipo de calva oscura. Rasgos otomíes. Intérprete de música prehispánica. Vendedor de saldos musicales. Callejonero. Luego nos tomamos un café me dijo, porque tengo que hacerte una crítica. Dijo como si echara una lápida a mi orgullo. Pero pudo más mi intriga. Cargaba con mi perro Momo. Un cachorro Puig con hiperactividad y sobrepeso que no sabe andar con cadena. Apreté a mi perro para enfrentar al crítico literario. Mi perro y yo le plantamos cara. Hace mucho que no me enredo con directores técnicos de banqueta, o críticos anónimos de baratijas de periódico. Dime de una vez (porque no iba a invertir un café con sus dos horas en escuchar algo que acabaría en dos minutos, es tan corta la vida para gastarla en chismes) Momo se retorcía porque deseaba irse a la casa. -Es que es referente a tu último trabajo. Con un demonio-pensé-, ya dejé atrás la radio y las cortes universitarias, así que en cazo cerrado no entran marranos. –Después de cinco meses es con coraje- No no, tu último cuento. (Bueno, la verdad es que tengo esperando que me hablen de la editorial la rana porque canalicé dos libros para dictamen desde enero, pero como es de esperarse, primero nació mi hija, que un dictamen y un seguro no de la editorial. Entonces como no he publicado un carajo, no sabía qué trabajo iba a ser criticado, pero insistió en hacerme la diatriba. Momo se calmó así que nos esperamos a que brotara la verdad del músico.
El que publicaste en un fansin del instituto cultural de león. Lo de fansín lo dijo con odio. Con crítica abierta. -Es que últimamente se escribe como muy vulgar. Como que, si muy vulgar. Muy real. No sé.(Si no sabes no critiques). Ahhhh. Entonces, ¿Te parece que escribo vulgar porque escribo nalgas? ¿Tú no tienes? (Momo se inquietaba, lo veía alzando el belfo, olisqueando la rabia del músico, la envidia en las rocas)- No, osea, es que. Bueno. Tenemos que tomarnos un café para poder decirte (no entiendo por qué el café cambiaría las cosas, o aclararía su crítica literaria). – No dime- insistí- Es que utilizas un lenguaje muy elevado (me caí de la nube en que andaba pero Momo me rescató) muy como para presumir que sabes- dijo para llamar mi atención. (Quiso que me portara cristianamente y adoptara mi pose de humilde para decirle que no, pero Momo entiende lo que escribo. El sabe que existen las nalgas). Bueno. Pues si existe una palabra que no esté en el diccionario entonces sí, admito un error. Sin embargo, mi propósito es que escribo para incordiar. Me place tu cara de ídolo otomí cuando no hallas las palabras para aterrorizarme, cuando no puedes interpelar una estructura narrativa, cuando un cuento es sólo eso, un cuento. Es mío. Me gusta. El problema que lo hagan los críticos y los estudiosos de la lingüística, de la lengua y de la academia y es lo que me representa una de las 2567 cosas que no me importan o no valen la pena. Momo quería largarse.Si con la crítica iba a pensar que no escribiría nalgas, pues nalgas. Momo estaba harto. Inquieto. Quería saltar al piso y alejarse. Bueno, me voy. Momo tiene hambre. Eso si me importa. Momo me entiende.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Lobo Antunes Premio FIL 2008

“Lo más importante para mí es escribir”, António Lobo Antunes
En un enlace telefónico a Portugal, el ganador del premio FIL de Literatura manifestó la alegría de volver tan pronto a Guadalajara

Ha recibido más de seis premios este año, es uno de los autores portugueses más traducidos, y hoy ha sido reconocido por la aportación de su obra a la “profunda reflexión sobre la experiencia interna de los seres humanos”. António Lobo Antunes, quien recibirá el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, habló sobre la alegría que le produce volver a Guadalajara: “Desde hace dos años que fui me trataron con mucha ternura y generosidad. Me causa mucha alegría tener la oportunidad de volver tan pronto a esa ciudad”.

Desde su estudio en Portugal, Lobo Antunes, quien ha sido varias veces candidato al Premio Nobel de Literatura, sostuvo un diálogo vía telefónica con los miembros del presidium y los periodistas asistentes. “Juan Rulfo es uno de los autores latinoamericanos más importantes de la literatura contemporánea”, dijo “por ello es un honor muy grande recibir un premio con el espíritu de este escritor mexicano”. Sobre su oficio como novelista señaló: “lo más importante para mí es escribir. El problema para mí siempre es escribir, escribir siempre es muy difícil. Por muy innovador que seas, no eres más que un pobre hombre luchador”.

Durante el diálogo tocó también del trasfondo de su obra, en donde el dolor que ocasiona la guerra es un tema recurrente: “Las guerras son lo más terrible. En una guerra nadie sale ganando. Estuve en la guerra cuatro años y perdí varias cosas, a la hermosa gente de mi batallón. En combate perdimos 150 muchachos, eso no es ganar nada. Mi hija mayor nació cuando estaba en la guerra y no la conocí ni estuve durante el embarazo de su madre”, relató el creador de novelas con temas como la muerte, las crueldades humanas, la dictadura que vivió su país, Portugal.

Durante la conferencia de prensa Raúl Padilla, presidente ejecutivo de la Asociación Civil que otorga el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, destacó que ésta es la primera vez que se incluye como candidatos de este premio a escritores que se expresen en lenguas cuyo origen es el latín y no sólo autores iberoamericanos y del Caribe, como se hacía hasta el año pasado. Padilla también agradeció a todos los miembros de la asociación que hicieron posible aumentar el monto del premio a 150 mil dólares.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Sara

“Los amigos no son los que queremos que lo sean, sino los primeros que están allí.”

Hace apenas una semana, Sara llegó a este planeta tierra. Me dio a luz. Empeñada en habitar con terrícolas de todas las clases, de todas las raleas, de todas las formas, ha hecho de cada minuto de su existencia una experiencia de vida. Empeñada en conocer este mundo, que sin ser el ideal, puede ser hermoso, me dio la luz. Sara tiene apenas ocho días de habitar el planeta y ha tenido que luchar contra viento y marea para quedarse, para escribir su historia. En el vientre de su madre le prometí otra cosa, le hablé de su familia, de su hermana, de su casa, de su perro. Le dije que la pasábamos bien. Que una vez que llegara, nos divertiríamos como enanos, como gigantes, como niños. Que sólo se trataba de que asistiera al momento de su nacimiento.
Ha surcado una semana con suero, enfermeras, hospitales solitarios, sondas, los pasillos héticos, las enfermeras vestidas de color pastel, los médicos y su palabra preferida “estable”, los rincones de la desesperación, antes de conocer los brazos de su madre. Ha aprendido, así, de pronto que en este mundo hay que pelear, que hay dolor, que es cruel y no tiene piedad. Ha luchado contra todo y contra todos; cada respiración es una gran victoria, cada movimiento ha sido un salto mortal.
Había pensado narrarle todo lo que vale la pena para que no desista en la lucha, llenarla de consejos paternales que mostraran el camino, sin embargo, hoy, un bebe de sólo ocho días de nacido me enseñó, mientras la cargaba, que la vida es esperanza, es lucha, es coraje, es no rajarse. Me dejó mudo.
Gracias Sara, me diste a luz.

A veces es lento

video

lunes, 25 de agosto de 2008

Con su pan se lo coman




No me hago ninguna idea mesiánica de la literatura ( ...) pero sigo creyendo con Rimbaud que «il faut changer la vie», que hay que cambiar la vida.
Julio Cortázar


Me rajo con el esplín. Lo que esputo es por mi expectorante. Lo demás son ideas de espetaperro. Así que espeto por la pluma para dejarlos colgados en la espetera. El espejismo de idear en los teatros da una espibia al espichar las anécdotas de lenguas espinescentes. Así que prefiero espolear a los esporádicos de la cultura para evitar los esperpentos futuros./ RGM.

martes, 19 de agosto de 2008

cineastas

Existen tres nombres en el ámbito local de la producción audiovisual que no hay que perder de vista. Amat Escalante, Arturo Chango Pons y Rolando Briseño. A ellos los une, en principio, el placer estético por las imágenes, el acto íntimo de narrar con el lenguaje audiovisual, pero también los une la indiferencia y el abandono de las instituciones del gobierno estatal.
El último proyecto de Pons era “la brújula la lleva el muerto”, un largometraje que promete, pero que no se ha logrado gracias a los nulos apoyos a producciones mexicanas y los nulos apoyos a los proyectos locales. Paradojal. El estado de Guanajuato mantiene una dirección de filmaciones que sirve para... ¡Hacer un festival A.C! El Chango es uno de esos directores de cine que indagan en lo oscuro, que en su búsqueda constante plasman elementos políticamente incorrectos y ricos en expresiones artísticas. Amat Escalante se arrojó a Cannes en 2005 con la película “Sangre”, sin apoyo de gobierno alguno lo que le dejó un premio de la crítica especializada en Francia. El apoyo discreto para esta producción lo consiguió con recursos holandeses. En el caso de Rolando Briseño, un estupendo documentalista, que fue condecorado con el premio ATEI (Muestra Iberoamericana de Televisión y video educativo, científico y cultural) en 2005 y el documental Manos Guanajuatenses, también un reconocimiento iberoamericano, ha sido condenado al ostracismo y quizá a la censura, gracias, por supuesto a sus superiores.
Pero la falta de apoyo a producciones cinematográficas no es nueva, se conjuga con la política metrosexual de las autoridades culturales en la región, quienes dictan los proyectos de la moda culterana que a ellos les place y el encumbramiento de falsos profetas. Ninguna entelequia cultural ha reparado en apoyar a los talentosos cineastas a pesar de los blasones con los que cuentan; una larga lista de producciones, reconocimientos y experiencia a nivel internacional no bastan. ¿Qué basta? ¿Llenar el formulario?, ¿el manual de procedimientos?, ¿Checar la tarjeta? Basura.
Como varios proyectos nacionales, los vergonzosos resultados en materia de educación y deporte, se suma, al parecer a la lista de fracasos, la responsabilidad de los dirigentes para generar y apoyar a guanajuatenses, a expresiones artísticas, a propuestas culturales, sin embargo se decantan a promocionar sus proyectos, a domar la expresión, a poner puertas al campo. Si un proyecto no encaja en el manual de cultura o en la moda que intentan colocar en el mercado de las cifras, nomás no hay apoyo.
Parodiando a Eduardo Galeano, podemos decir que en el mundo de la cultura, es un mundo al revés; castiga el trabajo, desprecia la honestidad y censura al arte en pos de sus políticas para la cultura. Los nombres de los emigrantes culturales son muchos. Demasiadas puertas cerradas en el ámbito local, lo que empobrece el capital intelectual de un pueblo. Y eso nos empobrece.
Se sabe, el apoyo para estos jóvenes cineastas vendrá de fuera o no vendrá.

miércoles, 9 de julio de 2008

Joanic Linea 4


Entrar al metro es introducirse a un dragón que serpentea por la ciudad. Bajé la calle Alzina, esquivando orines de perro y cajas de basura a un lado de los enormes basureros escupiendo sus vísceras. En Encarnación giré rumbo a Joanic, contando sus muchas peluquerías y los supermercados hasta embonar mi brújula en la avenida Escorial, llena de zumbidos de motociclistas retrasados y más orines de perro. Crucé la calle en un paso peatonal hasta hundirme en la boca del dragón amarillo. Joanic. Línea 4. La oscuridad de los túneles me asombra. Parece que saldrá cualquier cosa menos un tren. No hay televisiones que ofrezcan el servicio meteorológico y sólo está una enorme máquina de dulces y refrescos. Ella y yo. En la penumbra de una espera que paulatinamente va haciéndose macabra. No tenemos otra alternativa. Le advierto que voy a introducirle una moneda y le ruego que no me robe. Que funciona. En Barcelona casi todo funciona. El tiempo tal vez tenga un cierto retraso, pero las cosas funcionan. Meto la moneda y hace un ruido como de cadenas que se arrastran. Oprimo la elección 25. Un jugo de naranja. Algo mejor que estar en ayunas y enfrentarme al dragón que está por llegar. Comienza a retorcerse un coleteo del dragón. Viene en otro sentido, como haciendo zigzag y se acomoda para darme la cara. Tomo el jugo y no hay más valientes que desciendan a este pequeño infierno. Seguimos solos la máquina y yo, que me entrega el jugo luego de soltarlo con un resorte. El suelo se cimbra pero no puedo verle la cara al dragón enfurecido. Una estela de su ronroneo deja ver la parte posterior de la cola que se marcha en otra dirección mientras se oculta entre los anuncios de los viajes al caribe y una enorme playa de aguas verdosas.
Entiendo que viene de regreso y me acomodo para enfrentarlo. Veo a lo largo del andén mientras la máquina suelta un chiflido largo como una señal de apoyo. Aprieto en mi puño el envase de jugo. La tierra tiembla y estoy seguro que me vendrá a retar, vendrá por mi a succionarme entre uno de sus miles de poros que se abren y absorben como ventosas a los valientes que lo retan. El asalto está próximo y corren en grandes pesuñas que agobian la espera. Corre como si una estampida de caballos estuviera suelta. Alcanzo a ver el rostro. Tuerto quizá por las mil batallas entra despavorido y chillan sus patas, frenando, casi me olvida y para de súbito, casi he olvidado su cara porque apenas lo vi unos segundos. El cuerpo se extiende a lo largo para vomitar otros valientes que apenas se tocan, y salen huyendo despavoridos de sus intestinos.

lunes, 9 de junio de 2008

Ganar premios


Hace unos días un amigo ganó un premio en materia de diseño. Los premios siempre son una revelación de otras instancias que uno ni se imagina. Lo que arranca un premio no es, como podría pensarse, admiración, sino un cultivo verde llamado envidia y por ende un puñado de malas miradas. Los que pierden, se multiplican y se unen. Se amotinan en la mediocridad. Su lengua se convierte en un flagelo que sacia la impotencia del perdedor.
Cuando era joven, decidí concursar en un premio de cuento que organizaba la Ibero, el periódico Am y el Estado, le llamaron Efrén Hernández. Cumplí con hacer lo que para mí era la obra ganadora. Un cuento lleno de drama, de "prosa poética" y esquemas barrocos que prometían ser infalibles (pensaba, si con esta obra no gano, de verdad que serán muy estúpidos, está vendido o de plano no sirven para nada) de verdad que se me iba la vida en ello. Una vez que entregué el original y las copias (entonces si era original, porque se hacía a máquina de escribir y hoy siguen solicitando ese punto en las convocatorias) salí del lugar como un auténtico ganador. Eso resolvía mi pertenencia en el tema de la literatura. Pensé que lo mejor sería obviar el espectáculo y que de una vez me dijeran que era ganador. Sin embargo, tuve que esperar cerca de tres meses para conocer el resultado. Tres meses en los que contaba cada uno de los días como si pesaran demasiado en mi existencia. Tres meses en los que soñaba tirar un discurso a los medios de comunicación acerca de mi obra. Fue una temporada llena de ansias y de conjeturas acerca de mi vida como ganador de concursos, pero sobre todo, como si eso pudiera hacerme valer como escritor novel de 18 años. Y una vez ganado el concurso, lo demás sería miel sobre ojuelas.
Fue una mañana lluviosa la del día esperado. Desperté antes que abriera cualquier puesto de periódicos. Las calles estaban mojadas pero hacía calor. Una anciana en la esquina de la Monterrey, cortó con una navaja el ato de periódicos y se esparcieron como una baraja sobre el piso. Cuando tuve el ejemplar en mis manos, las piernas comenzaron a temblarme. Leí lo que pude hasta que llegué a mi departamento. Todo fue confuso. No hallaba el maldito recuadro donde me encontraría como ganador. Revisé la fecha del periódico. Estaba bien, coincidía con la publicación de resultados. ¿Y mi nombre?
Sentado en el desayunador, encontré un cuarto de plana del diario que contenía el resultado. Una miserable viñeta con el nombre del ganador que no era, por supuesto, yo.
La soberbia de escritor joven pasó a ser una lágrima. Estaba acabado. Fulminado. Jodido. Yo no era el ganador de el superconcurso.
FRAUDE. COCHUPO. TONGO. Funcionarios vendidos. Caciques culturales. Hijos de puta. Los mismos de siempre. Acababan de desdeñar a una promesa. No comprendieron el texto.
Luego de que se me pasó la fiebre de la derrota vino una depresión pos parto. Estaba decidido a dejar de escribir. Pero tuve un encuentro con un maestron a la entrada de la UIA; Agustín Cortés. Le conté la derrota, y el me dejó echar la rabia. Cuando terminé me dijo que los concursos literarios son una rueda de la fortuna. Que un escritor no escribía por ganar un concurso. Escribía porque era su naturaleza.
Aliviado, entendí el tema de los concursos. Ganar es un viaje. Ganar es entender que tienes menos amigos de los que te imaginas, más enemigos a los que les has dado la mano. Ganar es entender que hay muchos perdedores, que actúan como perdedores y viven como perdedores. A pesar de que perder es sólo hacer el intento y volverlo a intentar en otra ocasión.
A mi amigo Edgar le deseo enhorabuenas. Ganó y punto.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Tarea

"Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible"

sábado, 5 de abril de 2008

Cumplir 35

Un buen día se pierde el coraje de seguir sin proponer nada; de linchar al tedio, de violar al hastío, de cortarle la cabeza al marasmo, andando por la ruta de las nimiedades casi ordinarias. Vuelve uno la cabeza y estás siguiendo por la línea que antecede un extraño maremoto de vueltas a casa, y la vida sigue. La adrenalina se desata igual que los nervios, igual que una avalancha de espasmos y cortocircuitos para detener, nomás un poquito, la vista en el espejo. Es la hora. Ha llegado el momento, te dice el menda del espejo. Y al bajar la escalera dentro de la mirada se cruzan personajes, cuentos colgados del perchero, convocatorias de palabras, historias al borde de una taza de café... irremediablemente acabo por escribir, por reescribirme. Me ruborizo si alguien elogia mis textos. No escribo para nadie. Así veo las cosas, y mis pudores van revolviéndose en una mezcla del malabarismo y deseo.
Cumplir 35 es cuando te haces más chavo y te dicen señor.
Los amigos insisten en que publique, y aseguro que con eso no me querrán más, pero advierto una complacencia con el gesto. Una especie de arritmia al iniciar el complot contra todo aquello que sea antirrevolucionario, burocrático, mediocre... ¿Voluptuosidad de la vanidad? (parodiando a Girondo) Los que me conocen saben que ese tipo de vanidad no me enamora. En otros casos terminaría por cremar todos los textos. Guardarlos en el cajón del escritorio y mandar al demonio a los editores que he visitado. ¿Fin de mi confianza? ¡Diablos!, no, rotundamente no.
A los 35 lanzo la piedra y enseño la mano. No renuncio a mi derecho a renunciar.
A los 35 ya han pasado algunas historias y entiendes que no regresas ni un centímetro a la vida que viviste. A los 35 eres otro sin dejar de ser el mismo, lo que cuesta es entenderlo.
A los 35 puedo decir que me gusta el cine de Fellini, de los hermanos Cohen y también Spielberg. El fútbol soccer, y limosneo como Eduardo Galeano, una buena jugadita de futbol de cualquier equipo; el box, los gadgets y los juegos de video; el café muy cargado, el tinto y el ron, la música de Sabina (toda) el aroma de los libros, los artículos de papelería, pintarrajear las orillas del papel, la tinta, las antigüedades, las charlas de café, de ron, de tarde o de noche.

A los 35 no hay mejor estado que la paternidad; adoro a mis dos mujeres (la madre y la hija) y de antemano al que viene en camino. Ser padre a los 35 merece atención aparte porque revela que la vida se pasa de bendiciones.

No me gustan los perros falderos, los alacranes, las víboras, los trajes, los zapatos de vestir, los antros, la música tecno, el tequila, los conglomerados, la comida rápida, el pepinillo, las filas largas, los chats, las cumbias, los cuartos de hotel sin ventana, las carreteras rectas, los Ababoles.
A los 35, sabes con quien contar, y sabes que los amigos, son los que resistieron la batalla del tiempo y por lo menos te hicieron llegar un correo. A los 35 los que pensabas que eran enemigos, son apenas niños que se orinan en los calzones, y prefieres elegir a oponentes más dignos. A los 35 eliges a tus maestros y con suerte, los haces tus amigos.
Me gusta Jorge Ibargüengoitia, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Rulfo, Paz, Francisco Hinojosa, José Rubén Romero, Martin Amis, Bukowski, Calvino, Antaki y las poesías de Oliverio Girondo. No me gustan Lezama Lima, Zola, Juan de Dios Peza ni los poetas vanguardistas que usan las palabras como comunicados militares. No se diga si lleva el lema "basado en una historia real"
No me gustan las novelas donde en la contraportada aparecen las palabras, maravilloso, mágico o mítico, me parecen soporíficas.
A los 35 te das cuenta que hay dos cosas importantes, una es vivir y la otra, no recuerdo.

jueves, 20 de marzo de 2008

Una de radio

Los retos de la radio cultural


Cuando el siglo XIX se extinguía, entraban en vigoroso proceso de desarrollo las tecnologías que conducirían a crear la radiodifusión. Desde entonces, la radio ha visto cómo las energías productivas y analíticas aplicadas en el campo tecnológico han sido superiores a las invertidas en su dimensión artística y cultural.

En el campo de la comunicación vemos el espectro radial inundado por medios comerciales, lleno de telebasura, de radio basura; basta con girar el dial y podemos escuchar el maltrato al idioma, las cacofonías llenas de insultos, la retórica de la estulticia: tan sólo en el estado de Guanajuato contamos 52 radiodifusoras y apenas, dos radios eminentemente culturales.
Tal vez el empobrecimiento espiritual y cultural de los hombres y de sus relaciones resulte producto del debilitamiento de su lenguaje. O, quizás, esta desvitalización expresiva sea la consecuencia de aquella declinación. Ya algo se perfilaba cuando los poetas del hippismo aseguraban que el mejor poema era “una página de papel en blanco”. Probablemente los alcances de semejante reducción queden más claros si comenzamos a advertir que lo que está en riesgo de empobrecimiento no es únicamente nuestro lenguaje, sino nuestra facultad de expresión lógica y capacidad de sentir el mundo.
En este escenario, podemos advertir que la palabra es el motor de toda radio. El principio rector es el social. El eje principal de todo medio es la cultura. Resulta absurdo comprometer de otra manera las funciones de la radiodifusión. Guanajuato, se cimienta dentro de un marco democrático y de libertad, donde sus espacios de expresión lo solidifican, lo muestran, lo cuestionan, pero también lo hacen fuerte. Su cultura, su dimensión artística y la riqueza de su espíritu constituyen el envión de su fuerza para consolidar la suma de grandes experiencias y apoyos conjuntos.

El último quinquenio del siglo XX ha colocado a los medios de comunicación en un escenario muy nuevo: repleto de satélites de comunicación, de fibra óptica, de información digitalizada, de computadoras personales cada vez más potentes, de realidad virtual; y una enorme explosión de comunicación audiovisual. Naturalmente, no es que cada una de nuestros medios haya entrado en la sociedad de la información y disponga y utilice todos los nuevos recursos que ésta ofrece.
Obviamente, no es ese el caso, pero lo que es indiscutible es que el entorno de los medios( y esto en casi cualquier país del mundo) —independientemente de los cambios que se hayan producido en ésta— sí forma parte ya de esta nueva era post-revolución de las comunicaciones.
E sta era no sólo representa un cambio tecnológico definido, sino un cambio social inminente. El cambio obedece a una nueva conformación de usos y costumbres culturales. Un nuevo lenguaje que se gesta desde el quehacer cultural. Los mensajes de texto, los videojuegos, las grandes bases de datos para almacenar música trascienden la vida ordinaria de nuestra era. La era de la sociedad de la información.
Con la aparición de la sociedad de la información, las fuentes de saber —y de acumulación del conocimiento— se multiplican, se expanden y se difunden. Los libros ya no escasean sino que pueden multiplicarse por cientos de miles. Lo que faltan son lectores. Los medios audiovisuales propagan la información a la velocidad de la luz y la multiplican. Las computadoras y las bases de datos acumulan, sin problemas, informaciones en mayor cantidad y calidad de acceso que nunca antes en la historia. El audiovisual ya no es sólo un lenguaje de registro de la información, sino que se va convirtiendo poco a poco en una escritura al alcance de cada vez más personas. E Internet está haciendo accesibles, casi sin limitaciones, saberes y documentos en todo el globo.
El gran capital de una región no se halla en el petróleo, sino en el conocimiento, en la distribución eficaz de la información a un conglomerado de personas más amplio. La radio cultural tiene ese fin y ese objetivo. La preservación, divulgación, documentación y difusión de las expresiones culturales, sociales y científicas propias.
Uno de los rasgos principales de la radio y en especial de la radio universitaria es la creatividad. La radio que habla y que valora la imaginación es una radio de vanguardia. La del mensaje participativo, que se preocupa en hallar su génesis en las necesidades, los deseos y los gustos de la audiencia.
Así mismo, la radio tiene la responsabilidad de educar en los valores que la inspira y garantizar el aporte en una columna vertebral; plural y participativa, donde sobresalga la inventiva ciudadana, la frescura y espontaneidad creativa de la sociedad.

Cito a Ricardo Haye que dice lo siguiente una forma de gratificar nuestros sentidos y emociones que no necesita de ninguna justificación ulterior. Porque, como decía Boileau y sabe cualquier comunicador radiofónico, “la regla de las reglas es gustar”.

jueves, 6 de marzo de 2008

CACARO

Cácaro es una idea de radiorevista cinematográfica que se me ocurrío en aquellos años noventa, cuando cursaba la carrera y a marchas forzadas aprendí a realizar radio. Digo marchas forzadas, porque así fue, el maestro titular, un tal Maquiavelo se rajó y el grupo estuvo a la deriva. Cuando entró la sustituta, el semestre estaba en el cenit. Así que se debía aprender radio de una manera. Produciendo.
En fin, cácaro, la radirevista que enciende la pantalla de tu imaginación, era conducido por Naya mi prima y por este menda. Así que como me gustaba el tema, abordé con decisión, retomarlo para radio Universidad de Guanajuato, cuando Radio UG era una radio cultural universitaria. Y en compañía de Raúl Muñiz estuvimos al aire la friolera de dos años (más- menos) con un desfile de muchos temas y películas, entrevistas e invitados especiales, si bien no lograba ser una revista en toda regla por los escasos recursos con que contaba la radio, a contra pronóstico y gracias a Raúl Muñiz pudimos encender un poco la pantalla de la imaginación, de un público concentrado y conocedor.
De buenas a primeras, de un plomazo, y sin agua va, Raúl y cácaró desaparecieron (yo desaparecí por causas ajenas al cuadrante tiempo antes JAJAJAJA). Los lunes a las 8:30 pm, se volvieron los lunes al sol (es decir desempleados, ociosos,como la peli de Bardem, como la radio de los dorados años 80, como el fusil de Radio VOZ DE LOS GUANAJUATEÑOS )y tributarios porque el deseo era convertir a Cácaro en la infame cartelera de Cine club de UG, en el cácaro camionero, nunca mejor dicho por aquello de la sala de cine del Euquerio.
En fin, la muerte del Cácaro radiofónico hace gritar CACAROOOOOOOOO, porque no hay más. Y no habrá más. Y sin despedirse, y sin saber a qué canija hora se acabó la función.
Es razonable el estilo vengador de quitar todo lo que estaba, porque a falta de creatividad sobran los autoritarismos.
Fueron buenos años con mi estimado Raúl Muñiz, en que los lunes mostrábamos las filias y las fobias cinematográficas.
Pero Cácaro vuelve gracias a la invitación que me hizo Enrique Rangel, mi hermano del alma, para poder escribir en el AM, todos los jueves al sol, algo de cine. Y mejor aun, con el alma de cácaro.
Cácaro, todos los Jueves en la sección de cultura del AM.
También, mi buen amigo, me vuelve a reunir con otro entrañable, Geovanini, y con su librero que antes fue radiofónico. Bueno, como dijo aquella viejita, esa es otra historia.

lunes, 3 de marzo de 2008

Por la novela

Hoy acabé, a contra pronóstico, la novela en la que trabajaba, esto es un decir, llegar al punto final es apenas un esbozo de otro comienzo mas siniestro, uno que parece que no tiene fin, sin terminar una obra, que nunca es bueno volver atrás, que parece que hay que volver a reescribirla. La novela queda con ese impulso que la desarrolla, y después, si uno se atreve a volver a pisar esos terrenos, significa profanar un sitio donde eres golpeado por las imágenes inacabadas
Entonces, lo mejor es decir, empecé una novela.
Dice Thomas Hardy, que todo el secreto de la obra de ficción reside en el acoplamiento de cosas que se apartan de lo corrientea cosas que son universales.

jueves, 28 de febrero de 2008

MUERE PINCHADISCOS

Si los actos creativos y meritorios tuvieran eco en esta ciudad, otro gallo cantaría. Sin embargo, las propuestas novedosas parecen ser bofetadas al abolengo de la mediocridad, al callo de la senectud, a la artritis de la intelectualidad. Duele que muera un programa de radio, que hacía, eso, radio. Un programa que a todas luces inyectó una bocanada de oxígeno para un auditorio de treintañeros que necesitamos musica clásica, del siglo pasado y lejos de cortejos fúnebres radiofónicos.
Queda claro que a los puristas de la música bailaban en las discotecas con oberturas de Brahams y hacen el amor en silencio, a oscuras y con tres minútos como récord. Queda claro que lo que un día fue popular, hoy se considera clásico. Queda claro que confunden lo clásico con lo sinfónico. Queda claro que se muere para renacer. Queda claro que una generación X seguirá disfrutando de el pinchadiscos que se lleva dentro, en la intimidad de su consola, de su acetato y de sus rolas que si no van bien para salir en antena de radio institucional, parroquial y bienhechora de los derechos musicales; si van bien para el sound track de nuestras vidas.
Queda claro que Pinchadiscos fue una apuesta valiente, entre un mar de pusilánimes. Una colmena no hace verano. JAJAJAJA
Venga mi Arturo, enhorabuena con tu buena estrella, con tus buenos términos y tu propuesta futura.
Sin duda vendrán tiempos mejores.

Otra vez los ababoles

En la búsqueda inefable de los ababoles...son temidos no porque sean ababoles, sino porque son muchos y andan por todos lados. La cruenta realidad es que desprecian la creatividad.

Por la creación

Tan pronto el novelista comienza la seria tarea de composición, aquel goce inicial probablemente desaparecerá.
Dice Conrad que "es difícil expresar la soledad y el esfuerzo que implica la labor creadora, en la que la mente, la voluntad y la conciencia están totalmente empeñadas, hora tras hora, día tras día, lejos del mundo, y excluyendo todo cuanto hace amable y bella la vida"
Si, parece que por fin llegué a un final. Pero no he terminado con el título.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Pruebas irrefutables de que los ababoles existen

Los ababoles habitan este planeta con los terrícolas. Son simples y anatómicamente parecidos a los humanos, pero los distingue el grado de idiotez; generoso y fecundo.


1)Los ababoles a pesar de instrumentar respuestas elementales: comen, defecan, duermen; también son instrumentos de mecanismos más elaborados para su reducido coeficiente intelectual. Conocí a un ababol que trabajaba como asesor en una escuela parroquial. Hacía las labores de cerebro del ababol mayor; la ababolesa madre. Cierta vez dijo que para relajarse no había nada mejor que ir a un table dance y después irse de compras con su mujer. Prueba de que los ababoles existen.


2) Los ababoles ordenan sus pensamientos sin explicación geográfica alguna. La dimensión entre lo cercano y lo lejano les queda grande para su razonamiento. Un ababol dijo que su mayor ilusión era que su escuela parroquial fuera la mejor de todo el mundo.


3) Los ababoles van a las cantinas y discuten para seleccionar un ababol de escuela parroquial. Generalmente creen que no son lo suficientemente estúpidos para elegir ababoles, así que se emborrachan. Una vez alterados de la conciencia se felicitan y brincan de felicidad porque encuentran un ababol. Luego publican en los periódicos ababoles su gran derroche de estulticia.

Otra prueba de la existencia de los ababoles.

Una novela

Estoy en un punto ciego de la creación, en la frontera donde se bifurcan dos realidades. Aquella noche no había luna. Cuando salí del coche y puse los pies en el suelo, recuerdo que dije en un tono vacilante, Marlene no tiene carmín en los labios... Como ciego he dado bandasos... dijo Xavier Velasco que los cobardes no escriben novelas... lo que no dijo es que los valientes deben hacerlas a pesar de acobardarse... Entonces recuerdo a Jorge Ibarüengoitia, que dijo que escribir es como poner un huevo, y a veces salen bonitos.
Estoy a un capítulo de terminar una novela...